Ejercicio en Diálogo Civil nº1:
Derecho a la Educación vs. Derecho a la Enseñanza
Esto es sólo una aproximación, no pretende acotar el tema, simplemente pretende dar algunas luces conceptuales acerca de algunos temas de fondo para comprender mejor la problemática sobre educación. El propósito es simplemente dar a los católicos algunas pistas de reflexión para que puedan seguir investigando y armando sus propias conclusiones.
Al parecer hay unanimidad al juzgar que la educación en nuestro país es deficiente. A nivel nacional se destacan varias causas de esta situación, pero la importancia que se les da a cada causa es diferente según diversas posturas y por tanto las soluciones propuestas son distintas e incluso algunos juzgan incompatibles unas soluciones con otras.
Tratando de simplificar todo para lograr comprender los temas de fondo, y con el riesgo de caricaturizar ciertas ideas, es necesario hacer un cierto ejercicio de abstracción. Creo con mucha modestia, según lo que se plantea gracias a varios estudios realizados durante los últimos años y lo reclamado por el Movimiento Estudiantil, que el gran problema de la educación no tiene que ver sólo con un tema económico sino también con algo llamado “capital cultural”. Este capital cultural es como el roce social que le permite a la persona tener más posibilidades en la vida. Por lo general este capital cultural se adquiere por medio de la familia, pero una comunidad educativa como un colegio puede ayudar a aumentarlo.
En el actual sistema educacional básico y secundario se permite el lucro como un modo para incentivar la inversión en este campo dando así mayor oferta educativa que por sí mismo el Estado no podría proporcionar. La crítica actual juzga que este sistema promueve la segregación social y quita recursos de la educación municipal. Por otra parte algunos estudios, y lo que se alega actualmente, es que la calidad de la educación es proporcional al capital cultural y que la supuesta mejora en calidad de los colegios particulares y particulares subvencionados sobre los municipales se debe principalmente a la distribución desigual del capital cultural. El hecho de pagar por la educación ha logrado segregar la población de manera que este capital cultural no se puede compartir.
Al parecer, el llamado a una educación gratuita y pública pretende derribar esta segregación que impide compartir el capital cultural. Una educación basada en estos principios sería supuestamente el signo de una sociedad con menos división social, y por ende más solidaria y con oportunidades similares para todos. Por tanto, la reforma educacional que se pide no es sólo una reforma educacional sino una reforma de paradigma de sociedad. Se pretende que sea el Estado el que regule el mercado y la educación para asegurar para todos el derecho a una misma educación de calidad. La demanda que se hace hoy en día juzga que el derecho a la enseñanza (o también libertad de enseñanza) sostenido por el paradigma actual ha permitido que las leyes del mercado influyan demasiado poniendo en riesgo el derecho a la educación, o mejor dicho, el derecho a una educación de calidad para todos. Por tanto, la solución que se propone es una educación estatal y gratuita.
La contra parte pretende seguir con el paradigma actual, haciendo prevalecer el derecho a la enseñanza, pero al mismo tiempo deseando mejorar la calidad y el acceso a la educación para todos. Aunque al parecer los fines son los mismos, sigue pendiente el tema del compartir el capital cultural, es decir el tema de la segregación social. Lamentablemente este derecho a la enseñanza ha permitido la creación de ofertas educativas de baja calidad y motivadas por el lucro y no principalmente por la educación. Ahora bien, cabe destacar que el derecho a la enseñanza es un gran valor también en sí. De modo análogo a como la justicia es un ente aparte del gobierno y poder legislativo, así también la educación debe tener una cierta autonomía que es propia del ideal de una sociedad pluralista y garantizar así la libertad de escoger entre alternativas educativas.
Resumiendo, gran parte de la pelea está entre el derecho a la educación versus el derecho a la enseñanza. La pregunta es en este dilema ¿si ambos derechos pueden ser compatibles en la práctica?
Pretendemos iluminar ahora la situación a través de la Doctrina Social de la Iglesia. Habrán algunos que consideren irrelevante la opinión de la Iglesia al respecto debido a que por medio de sus colegios y universidades está involucrada en la polémica y por lo tanto es una opinión con “intereses creados”. Como se mencionó al comienzo, pretendemos hacer aquí una reflexión a modo abstracto y conceptual de modo de poder ver los temas de fondo y no dejarnos llevar por prejuicios sino dialogar a nivel de ideas.
Entre las tensiones entre el Estado y el mercado, que es lo que vemos se está cuestionando en el tema educativo, la Iglesia en su Doctrina Social ha propuesto y promovido un tercer elemento: la sociedad civil. El Papa Benedicto XVI, resumiendo en parte lo que sus predecesores ya habían anunciado y promovido, dijo en su Carta Encíclica Caritas in Veritate que “el binomio exclusivo mercado-Estado corroe la sociabilidad, mientras que las formas de economía solidaria, que encuentran su mejor terreno en la sociedad civil aunque no se reducen a ella, crean sociabilidad”[1]. La sociedad civil, entendida como la agrupación de particulares que sin otro interés que el bien común cooperan con Estado, es una fuerza inmensa que puede efectivamente actuar como una especie de catalizador entre el Estado y el mercado. Desde el punto de vista de la educación, la sociedad civil es un lugar donde se puede garantizar la accesibilidad, calidad, pluralidad, integración y solidaridad.
En cuanto al derecho a la enseñanza, la Iglesia declara que este es un principio irrenunciable[2]. Y según el principio de subsidiaridad, promovido por la Iglesia desde 1893 cuando el Papa León XIII escribió su Carta Encíclica Rerum novarum, el Estado debe garantizar el funcionamiento de las obras de la sociedad civil con el apoyo económico[3]. Estos dos principios, el derecho a la enseñanza y el de subsidiaridad, permiten el funcionamiento de una sociedad pluralista, tolerante y también más solidaria.
Por los principios anteriormente mencionados la educación no puede ser tarea exclusiva del Estado. Éste tiene además la tarea de promover que la sociedad civil tome parte en su derecho a la educación a través del derecho a la enseñanza. El tema de la segregación social es un tema en que la sociedad civil, en la cual se incluye la Iglesia, debería tratar y colaborar con el Estado y el sector privado[4]. La transformación de la educación que es eminente es sólo un aspecto para crear una sociedad más justa.
No se pretende dar una solución o propuesta al tema, simplemente quería compartir algunas ideas de fondo para que luego cada uno pueda hacerse de una idea u opinión. Lo que sí creo es que a través de estos principios se puede llegar a una solución intermedia que garantice los derechos de todos. También creo que desde la fe debemos mirar con mucha esperanza los tiempos que estamos viviendo. Queda pendiente el tema del lucro en la educación, ver que se entiende por lucro y su connotación moral dentro del marco de la educación. También quedan pendientes otros temas muy interesantes pero creo que esto es el tema realmente de fondo.
Notas:
[1] Benedicto XVI, Caritas in veritatis, nº 39
[2] cf. Documento de Aparecida nº 339-340; Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, nº 241
[3] cf. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, nº 187
[4] Para leer más sobre esta triple colaboración entre Estado, sociedad civil y el sector privado se sugiere leer el Capítulo III de Caritas in veritatis.
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